En
el año 1991 Jonathan Demme se convirtió en el mejor director de aquel año al
dirigir una película basada en una novela que había sido un relativo Best
Seller y que trajo a la palestra (Por segunda vez, en realidad) a uno de los
psicópatas más emblemáticos de la historia del cine. El doctor Hannibal
Leckter, gloriosamente interpretado por Anthony Hopkins (Oscar más que
merecido), se presentó de una forma más que gloriosa. Basada en la segunda
novela de Thomas Harris, “El silencio de los corderos”, se convirtió en una
película de culto tras su estreno, es imposible concebir el cine de psicópatas
y policías de la historia contemporánea sin esta esencial película que marcó ya
no sólo una escuela, sino a una generación de escritores, guionistas,
directores, productores… Jonathan Demme cambió la forma del cine, recién
empezados los noventa, con una película esencial del cine moderno. Una película
vital en el la historia del cine que cambió la forma en cómo lo conocíamos
hasta ese momento… ¿O no?
La
verdad es que todo lo que he dicho antes es cierto, el cine de psicópatas no
sería el mismo sin esa película, pero la verdad es que lo que ocurrió cuatro
años después fue completamente inherente a esto, sin una no tendríamos la otra,
por eso nadie se esperó que lo que Andrew Kevin Walker y David Fincher
orquestaron en 1995 fuese realmente algo bueno, o mejor, pero en mi opinión así
fue. “Se7en” es la evolución obvia de lo que Demme nos ofreció a principios de
los noventa, es exactamente una sombra de la anterior, una sombra alargada y
profunda que se traga a la primera de una forma contundente y genial. No desmerezco
en absoluto el trabajo de los primeros, ya que ellos fueron los que portaban el
agente patógeno, pero el agente en sí está en “Se7en” (Y siento esa metáfora
tan científica), esto quiere decir que lo bueno que creó la primera, lo mejoró
y explotó mejor la segunda.
Cuando
vemos “El Silencio De Los Corderos” se nos atoja una película bestialmente construida
sobre un ser malévolo, pero si lo vemos bajo un prisma mejor vemos que la
primera película no es más que un esbozo creado en una época en la que
este tipo de cine no existía del todo, por eso cuando vemos “Se7en” vemos algo
que la primera parece querer ser, pero que en ningún momento consigue. “Se7en”
es poética, pensativa y reflexiva, es una película cuya instrumentación gira
entorno a una mente quizás aún más perturbada que la de Leckter, es la mente de
alguien a quien no conocemos, y que nos damos cuenta de que en realidad no
queremos conocer, ya que sus pensamientos van en un rumbo que obligatoriamente
nos hace mirar hacia otro lado y sentir asco. Hannibal Leckter es un psicópata
de la vieja escuela, alguien que podría protagonizar una serie (Sí, es un
chiste) e incluso resultar carismático. John Doe por el contrario es alguien de
quien jamás podríamos sentir empatía, no podríamos seguir sus aventuras porque
las mismas no están en comunión con nadie, no es alguien a quien tendríamos
como un amigo, psiquiatra o colaborador si fuéramos policías, no. John Doe es
alguien de quien huiríamos, alguien a quien queremos que maten por sus
atrocidades, alguien que se merece cualquier cosa que Brad Pitt pudiese
hacerle.
Protagonizada
por unos increíbles Brad Pitt y Morgan Freeman, con apariciones estelares de
Gwyneth Paltrow y, por supuesto, de un Kevin Spacey tocando una nota que nadie
hasta ese momento había conseguido tocar, asistimos ante un acontecimiento
elaborado de una forma tan pulcra como sucia, David Fincher nos traslada a un
mundo en el que la lluvia se apodera del mundo, a lo largo de una semana entera
en la que un hombre, al parecer encomendado por una especie de mensaje divino,
se está dedicando a enseñar su “obra” magna, su gran ópera, en la que,
calculado todo con una precisión de relojero, pretende enseñarle a la raza
humana un mensaje cuasi divino que sólo él ha sido capaz de escuchar, en la que
los siete pecados capitales son el tema central de cada uno de los capítulos de una semana que va empeorando por momentos para un Brad Pitt novato en el
cuerpo de policía.
Todos
aquellos que hayáis visto la película sabréis de lo que hablo, Ficnher convirtió
un guión de Kevin Walker que se inspiraba en un principio en la película y
novela de Demme y Harris, y creó algo que los primeros estaban lejos de
imaginar, ya que, a pesar de que los mismos crearon una auténtica escuela, la
mayoría de los trabajaos basados en esos estudios no se dieron hasta que
Fincher ofreció su propia versión de los hechos. Tras “Se7en” podemos comprobar
que se inició una auténtica carrera de copias de la misma con mayor o menor
éxito, también sea dicho. Películas como “El coleccionista de Amantes”, “Copycat”,
“El coleccionista De Huesos” y un gran etcétera, se hicieron tras “Se7en” y no
tras “El Silencio De Los Corderos”, lo que debería decirnos cuál de las dos es
la película que realmente creó escuela.
No
quiero que me malinterpretéis, soy un gran fan de las películas basadas en las
novelas sobre Hannibal Leckter, incluso me encanta la serie que se ha hecho
hace un año sobre el personaje, pero cuando se trata de hablar de la película
me es imposible verla con la objetividad que se merece y aceptar los
comentarios que se hacen de la misma que suelen rezar en que es la mejor película
de psicópatas jamás hecha, ya que no estoy de acuerdo con esa frase. La mejor película
sobre psicópatas que jamás se ha hecho es sin duda “Se7en”, y el mismo director
ha intentado superarse desde el mismo incidente sin los resultados esperados,
al menos siempre que el caso sea el de intentar mejorar su película de
psicópatas, cosa que dudo.
“Se7en”
posee imágenes que aun hoy en día me perturban, el asesinato de la gula me
sigue estremeciendo cuando voy a casa de mi madre y ésta me prepara espaguetis.
Hay ocasiones en las que veo luz negra y pienso si existe algún mensaje en un
pared en la que alguien me ha escrito algo… chorradas mías, pero en realidad sí
que tenemos que detenernos ante la fotografía de “Se7en” que sigue siendo una
de las grandes de su generación (Marca de la casa de Ficnher) esta vez creada
por el chileno Claudio Miranda, en la que podemos ver espacios de una pulcritud
casi enfermiza, pero al mismo tiempo somos testigos de espacios de una suciedad
hedionda que nos hace temblar, la casa de John Doe es un poema mugriento de suciedad,
la pulcritud de Freeman es enloquecedora (Y ya que antes he hablado de mi madre
tengo que decir que ella nunca ha soportado cómo se queda dormido, con el
metrónomo para poder evadirse de los ruidos mundanos del exterior).
No
hay nada que pueda decir de “Se7en” que no se haya dicho hasta ahora, no existe
ningún comentario de la misma que no se haya esgrimido hasta la saciedad, por
eso creo conveniente acabar esto ahora, antes de caer en más tópicos sobre la
misma, y dejaros a vosotros con vuestros pensamientos sobre esta película,
tanto si estáis de acuerdo conmigo, como si pensáis que “El Silencio De Los Corderos”
es claramente superior, cada uno ve lo que quiere ver y cree lo que quiere
creer.
La gula. En esta película algunas cosas son muy gráficas. Recordad no comer demasiado si os animáis a verla.
El mejor papel era el de Kevin Spacey. Me encanta cómo simoblizaba los pecados capitales; y la escena del final ¿qué me cuentas? ¡Brutal!
ResponderEliminarLa escena final es apoteósica!!!! Lo único que yo no compararía tanto esta con el silencio de los corderos, no las veo tan parecidas. Asesinos y policías es su único punto en común, buena reflexión, eso sí
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