Curiosamente,
y a riesgo de perder fans, credibilidad y respeto, tengo que reconocer que una
de mis películas favoritas del cine navideño es esta. No sabría explicar muy
bien por qué, quizá porque sigo siendo el mismo niño enamorado de la navidad
que soy ahora mismo que cuando la vi por primera vez, pero esa es sólo una
conjetura. Pero sea cual sea la razón, esta es la película que arranca para mí
la campaña navideña. La Navidad no empieza en mi casa si esta película no ha
sido vista por mí antes, este año no ha sido excepción y ya he podido ver esta
película en la que Arnold nos muestra una faceta que explotó mucho en los años
noventa, su faceta cómica. Pero no la faceta cómica que solía mostrar en sus
películas de acción, no, una faceta cómica que quería vender su cine a toda la
familia y, sobre todo, a niños. Target en el que me encontraba cuando vi esta
película por primera vez.
La
trama es tan sencilla como irrisoria: Un padre, interpretado por Arnold
Schwarzenegger, trabajador y entregado a su familia olvida comprarle a su hijo
el regalo que le ha prometido en Navidad, un “TurboMan”, una suerte de
superhéroe inspirado en algo así como “Ultraman”, que es la serie de moda en el
universo de la película, amén del juguete de moda de la época Navideña en la
que transcurre el relato. La madre del niño, muy irresponsablemente, ya que es
obvio que Schwarzenegger carece de tiempo para hacer ese tipo de encargo, le
pide a su marido que compre el dicho juguete, cosa que Schwarzenegger olvida y
tiene que hacer lo imposible por conseguirlo el mismo día antes de Navidad,
imagino que el 24 de Diciembre. Eso es todo.
