Tras
varios días dándole vueltas al final de Cómo
conocí a vuestra Madre (Han pasado ya más de dos semanas de él), creo que
ya he llegado a mi conclusión: Incompresible…
Pero,
¿Cómo es posible que tras unas tres temporadas preparándonos para el apoteósico
final, lo dejen todo en un capítulo final que discurre a toda hostia en lo que
lo único importante era intentar demostrar hasta dónde estaba ‘Escrito’ ese
final ya de antemano?
Dudo
mucho que pretendiesen ser coherentes, que lo han intentado (Hasta cierto
punto), pero desde luego hay que aplaudir su intento de sorprender al público.
Porque si soy completamente sincero sí que me han sorprendido, pero no sé, me
ha sabido a poco y no me ha gustado demasiado.
Aviso,
ahora mismo, que soltaré spoilers a mansalva así como mis propias quejas sobre
el final y la serie en sí, así que los pocos que lean quedan advertidos.
Tras
unas cuantas temporadas advirtiéndonos del gran acontecimiento que daría fin a
la historia (Acontecimiento del que tampoco somos del todo testigos), la boda
de Barney, con Robin, tras un noviazgo calculadísimo, en el que nos damos
cuenta de que son absolutamente el uno para el otro, la pareja perfecta (Siento
las comas), nos sueltan ya una de las cosas que más perplejo me dejó del final:
El divorcio de Barney y Robin. Un divorcio que parece espetado por unos
guionistas desesperados por volver a los orígenes primigenios (Valga la
redundancia) de su propia obra, dejando de lado cualquier atisbo de lógica
narrativa. ¿Barney decide que el estilo de vida de Robin es demasiado bohemio?
Una Robin que en esta última temporada y parte de la anterior parecía mirar
hacia la primera temporada y pensar que la había cagado al abandonar a Ted,
pero que no se lo planteó con un hombre hecho a su medida… (¿Dónde estás
lógica?). Una mujer tan incógnita cuyo nombre no oímos hasta los últimos
momentos del capítulo, y a la que se cargan al mismo tiempo para poder dejar
paso a la gran historia final que debió ser y siempre debió haber sido (¿?)
